Letter to Esmeralda

(We had to write a love letter for Spanish this Valentine’s Day, I was chosen to be Quasimodo).

Querida Esmeralda;

¿Cómo puedo explicarte mi gozo, mi alegría divina? ¿Cómo podría mostrarte cuánto de mi te pertenece, con todas mis memorias, mis poemas, impulsos y temores?

Has sido como el viento desde el primer momento. Siempre tan impetuosa, intensa y agitadora. Nunca he conocido tal felicidad. Sin embargo, estoy lleno de dolorosa confusión.

Desde la impenetrable oscuridad de mi mazmorra de piedra me he preguntado cientos de veces si enamorarse sería mera intuición, hecho estallar por las acciones de otro. Inesperados movimientos, diminutas sonrisas, gestos inapreciables. Ahora, me aferro a cada gesto y cada postura, ansiando cazarme reflejado en los charcos de tus pasiones más profundas. He destapado al fin la verdadera cara del amor, y la intuición no existe en él. Me ahogo bajo las olas de mi propia beatitud, mas la intuición de nadar hacia la superficie para apresurarme a capturar una bocanada de aire no existe en mí.

El mundo ha sido durante interminables años un inescrutable misterio. Sin embargo, todo lo que necesito en él ahora eres tú. Tú y tu talento, tu belleza y tu voz, la cual hace eco en cada esquina que veo, y es que las observo todas lleno de asombro, buscándote tras ellas.

La paz me envuelve entre sus brazos desde que mis ojos se posaron sobre ti, mas he pensado en tu tacto y tu presencia tantas veces, incontables, que estoy entumecido por el anhelo. Oír tu suave voz de nuevo sería una explosión de euforia. Esa melodía de algodón y seda, que acaricia el alma y apacigua a la mente.

Si tu recuerdo no perdura en mí intacto, y gradualmente no se vuelve más que un punzante dolor que arrastre sobre mi apesumbrada alma hasta el fin de mis días, seguiré considerándome bendecido y único. Aunque nunca llegues a concebir cuánto te quise, tú y el mundo entero debe saber que hay un hombre, roto y apagado, que te amará eternamente. Es un honor sentir esto por ti. Sentir algo tan inmenso en semejante diminuta vida.

No puedo existir sin ti. Soy olvidadizo de todo cuanto me rodea excepto ver tu silueta de nuevo. Mi vida parece detenerse ahí, no alcanzo a ver más allá. Me has absorbido por completo. La sensación de que te disuelves me ahoga e inquieta. Siempre fue impactante la idea de que hubiese hombres dispuestos a morir mártires por su religión. Me he estremecido ante ello, sin embargo ya no. Yo podría ser un mártir por mi religión: el amor. Podría morir por ello, morir por ti. Mi credo es la afección y tú eres mi único dogma. Me has embelesado con un poder al que no puedo resistir, ni quiero.

Mi boca no ha cesado de hablar desde que posaste tus suaves labios sobre ella. La idea de que vuelvas a hacerlo ha intoxicado mi mente, la cual no recuerda nada anterior a la memoria de tu presencia. Te he amado toda mi vida sin saberlo, he añorado tu imagen tantos años, encarcelado en esta casa de Dios. ¿Por qué han de ser nuestros placeres tan efímeros e interrumpidos?

Mi cordura se desvanece con cada recuerdo tuyo que rememoro. No llego a reunir dos ideas sin que tú irrumpas en mi mente y te interpongas entre ellas. Soy incapaz de pensar en otra cosa que no seas tú. A pesar de mis esfuerzos, mi imaginación me conduce constantemente al pensamiento de tu imagen. Te rodeo, te beso, te acaricio y cada tacto se vuelve una pequeña chispa de pasión. Recuerdo las veces en que nos fundimos en un solo cuerpo: perfecto, completo y eterno.

¿Qué ha sido de mí? Me has privado de mi juicio. Esta monomanía hace que quiera romper mis cadenas y abandone esta mazmorra que va más allá de lo físico. Sin embargo, permanezco aquí, empujado por el sentido de la obligación. Un agitado conflicto se lleva a cabo en mi interior. Esta vida jamás habría sido mía sin ti. Me has devorado por completo. Me siento dichoso y necio tan pronto como me permito pensar en ti. Me arremolino alrededor de un delicioso sueño, en el que en un instante vivo mil años. Sobrepasado por amor, sintiendo amor en cada poro, viviendo solo por amor. Al mismo tiempo, consumido por la añoranza y atrapado en una inmensa telaraña llamada aflicción.

Debes saber, inigualable Esmeralda, que tu ausencia hace sentirme vulgar e impuro. Cada instante que paso sin ti es como inhalar una enfermedad que me subyuga a la languidez. Todo lo que es exaltado y boyante en mi naturaleza apaciguada me insta a volar hacia ti, me reprime por la fría demora, se ríe ante la aprensión y rechaza la prudencia. ¿Por qué no estoy contigo?

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